Jornada laboral de 35 horas: lo que gana (y lo que no) el trabajador con el nuevo plan del Gobierno

29 enero, 2026

La reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales en la Administración General del Estado ya está en marcha sobre el papel. El Gobierno ha iniciado el procedimiento para implantarla y los sindicatos celebran el avance.
Pero más allá del titular optimista, la pregunta clave es otra: ¿qué mejora realmente la vida del trabajador… y qué sigue igual?

Porque no todo son ventajas automáticas.

Qué gana el trabajador con la jornada de 35 horas

1. Menos horas, mismo sueldo

El principal beneficio es claro: reducción de jornada sin recorte salarial. Pasar de 37,5 o 40 horas a 35 supone recuperar tiempo personal sin perder poder adquisitivo.

Para muchos empleados públicos, esto implica:

  • Más tiempo para conciliación
  • Menos desgaste semanal
  • Mejora del equilibrio entre vida laboral y personal

Es, en la práctica, una subida indirecta del salario por hora trabajada.

2. Recuperación de derechos perdidos tras la crisis

La jornada de 35 horas no es una novedad absoluta. Muchos empleados la perdieron tras los recortes de la crisis financiera. Su vuelta supone revertir medidas de austeridad que se cronificaron durante años.

Para el trabajador, el mensaje es simbólico pero potente: se recupera terreno perdido.

3. Posible mejora de la salud y productividad

Menos horas no significa trabajar menos, sino trabajar mejor. Estudios previos en administraciones y empresas muestran:

  • Menor absentismo
  • Menos bajas por estrés
  • Mayor concentración en la jornada efectiva

Aunque esto dependerá mucho de cómo se organicen los horarios, no solo del número de horas.

Qué NO gana el trabajador (o gana solo a medias)

1. No es para todos los empleados públicos

La medida afecta únicamente a la Administración General del Estado.
Quedan fuera, por ahora:

  • Muchos empleados autonómicos
  • Personal de ayuntamientos
  • Otros entes públicos

Además, los sindicatos reclaman que no se deje fuera al personal de instituciones penitenciarias, uno de los colectivos con condiciones más duras.

2. No implica más flexibilidad automática

Reducir horas no garantiza:

  • Horarios flexibles
  • Teletrabajo
  • Mejor organización del tiempo

Si la carga de trabajo no se ajusta, el riesgo es claro: hacer lo mismo en menos tiempo, aumentando la presión diaria.

3. No soluciona otros problemas laborales pendientes

Los sindicatos —entre ellos la Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras— recuerdan que la jornada de 35 horas no agota las reivindicaciones.

Siguen pendientes:

  • Jubilación parcial anticipada
  • Promoción interna bloqueada
  • Carrera profesional estancada
  • Regulación estable del teletrabajo

Para muchos trabajadores, la reducción horaria es un alivio, pero no una solución estructural.

Cuándo se notará en la práctica

Si el calendario no se retrasa, la nueva jornada podría aplicarse a finales de febrero o en marzo. El proceso incluye negociaciones técnicas y sindicales, pero el Ejecutivo quiere evitar que se alargue hasta los Presupuestos de 2026.

El ministro Óscar López ya ha dejado claro que la intención es aplicarla “tan pronto como sea posible”.

El riesgo silencioso: expectativas demasiado altas

Uno de los peligros de este tipo de anuncios es generar la sensación de que todo mejora de golpe. La realidad suele ser más matizada:

  • La reducción puede aplicarse de forma desigual
  • Algunos servicios tendrán más presión organizativa
  • No todos los puestos se beneficiarán igual

La clave estará en cómo cada departamento reorganice el trabajo, no solo en el número final de horas.

Conclusión: buena noticia, pero incompleta

La jornada de 35 horas es una buena noticia real para el trabajador, especialmente en términos de tiempo y calidad de vida. Pero no es una revolución laboral ni resuelve por sí sola los problemas estructurales del empleo público.

Gana tiempo, gana descanso y gana algo de dignidad laboral.
Lo que todavía no gana es flexibilidad real, estabilidad a largo plazo ni una reforma completa del modelo de trabajo.

Y eso, para muchos empleados, sigue siendo la verdadera asignatura pendiente.

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