En plena escalada bélica y con el estrecho de Ormuz convertido en el gran punto caliente del planeta, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha aprobado la mayor liberación coordinada de reservas estratégicas de su historia: 400 millones de barriles para intentar estabilizar el mercado y contener el impacto en precios.
Qué ha aprobado la AIE y por qué es una decisión histórica







La AIE explica que los 32 países miembros pondrán petróleo de emergencia en el mercado para responder a las “disrupciones” provocadas por la guerra en Oriente Próximo. La cifra (400 millones) supera ampliamente la operación de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, y busca ganar tiempo: aliviar tensión, evitar pánico logístico y frenar la prima de riesgo que se cuela en cada litro de combustible.
Cuánto aporta España y qué significa lo de “12 días”
España ha confirmado su apoyo al plan y el Gobierno ha cuantificado la aportación en torno a 12 días de consumo, aproximadamente 11,5 millones de barriles, dentro del reparto entre países. La ministra Sara Aagesen ha señalado también que el país dispone de reservas para alrededor de 100 días, sumando existencias públicas e industriales.
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La lógica es simple: si entra más crudo al mercado, los precios deberían aflojar o, al menos, dejar de subir durante un tiempo. Pero el propio debate que plantea Santiago Niño-Becerra en la entrevista apunta al matiz decisivo: todo depende de cómo evolucione el conflicto y, sobre todo, de si Ormuz queda “cerrado” en la práctica. Cuando el riesgo marítimo se dispara, el mercado no solo paga el petróleo: paga también seguros, desvíos, retrasos y miedo.
Ormuz en números: el cuello de botella que lo cambia todo
La AIE estima que en 2025 transitaron por Ormuz alrededor de 20 millones de barriles diarios de crudo y productos petrolíferos, una porción enorme del petróleo transportado por mar. Reuters añade que el tráfico se ha desplomado desde el inicio de la guerra y que asegurar la zona es extremadamente complejo por su geografía y por las capacidades asimétricas de Irán (drones, minas, lanchas rápidas, etcétera).
Hay rutas alternativas, pero no suficientes: Arabia Saudí y Emiratos mueven fichas
En el análisis se repite una idea: sí existen “bypass”, pero no sustituyen Ormuz a gran escala. Arabia Saudí puede desviar parte del crudo hacia el mar Rojo mediante su oleoducto East-West, con capacidad aproximada de 5 millones de barriles diarios (y picos puntuales mayores en episodios anteriores). Emiratos cuenta con el oleoducto Habshan-Fujairah (ADCOP), con capacidad en torno a 1,5 millones de barriles diarios y margen adicional según la AIE. Ayudan, pero no compensan un cierre prolongado del estrecho.
El otro punto crítico del mapa: Bab el-Mandeb y el efecto dominó sobre Suez
Niño-Becerra introduce un riesgo que preocupa a navieras y aseguradoras: el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de entrada al mar Rojo y al canal de Suez. En este contexto, grandes compañías ya han desviado buques y han pausado rutas por la zona, optando por rodear África. Reuters ha descrito cómo este tipo de desvíos puede alargar tiempos de tránsito de forma muy significativa, con impactos directos en costes logísticos y precios finales.
La lectura de Niño-Becerra: “sigue el dinero” y quién gana con un petróleo caro
El economista plantea que, más allá de los discursos, lo económico está siempre detrás: si el crudo se encarece y la tensión dura, quienes más se benefician son las grandes petroleras que venden a precios más altos. Es una interpretación que encaja con lo que está pasando en paralelo en Venezuela: tras la captura de Nicolás Maduro por EEUU en enero, Washington ha empujado a compañías energéticas a volver e invertir, y Reuters informa de negociaciones y acuerdos para aumentar producción en un país con enormes reservas pero con un crudo pesado y costoso de procesar, que requiere mezclas y condiciones técnicas específicas.
La clave inmediata: las reservas compran tiempo, pero no solucionan el problema
La liberación de 400 millones de barriles puede amortiguar el golpe, pero no sustituye el flujo normal si la crisis se prolonga o si la inseguridad marítima se convierte en permanente. Por eso, en los próximos días el mercado mirará menos los anuncios y más tres cosas: si Ormuz vuelve a operar con normalidad, si aumentan los ataques a mercantes y si la guerra empuja a más rutas a desviarse con costes crecientes.